La abogada Ana Sebastián relata su expulsión de El Aaiun, “yo estoy bien pero la que no está bien es la población saharaui”

ARAINFO.- ANA SEBASTIÁN

26 FEBRERO, 2020.

Soy Ana Sebastián, abogada. Me disponía a ir como observadora internacional acreditada por el Consejo General de la Abogacía del Estado a El Aaiun a un juicio que se celebraba el miércoles 26 de febrero contra el activista saharaui Khatri Faraji Dadda.

Fue detenido el 24 de diciembre en una comisaría en el Aiaún. En octubre de 2019 fue a pedir por primera vez su documento de identidad le dijeron que volviera en diciembre fue entonces cuando le detuvieron. Se encuentra desde entonces preso en la cárcel negra del Aaiun.

Es acusado de “ultraje a funcionario e intento de prender fuego a un coche de policía”. Mañana será juzgado sin ser respetado su derecho fundamental de tener una audiencia pública y sin poder garantizarse así tener un juicio justo en el que se respeten sus derechos más fundamentales reconocidos en la Declaracion Universal de Derechos Humanos y en otros textos internacionales. Denuncio y reivindico que esta práctica de expulsar a quienes velamos por el cumplimiento de los derechos humanos sólo es sinónimo de que los mismos no se están respetando. El Gobierno Marroquí una vez más demuestra que vulnera los derechos humanos del pueblo saharaui. A su vez el Gobierno español está permitiendo que se nos expulse, sin poner remedio alguno ni voluntad de intentar solucionar este hecho tan grave. Se está permitiendo que se vulneren también nuestros derechos. Sólo recibimos silencio absoluto, y con ello la complicidad con el Estado Marroquí en la opresión al pueblo saharaui.

Todo el viaje ha sido correcto hasta que hemos aterrizado en El Aaiun, sobre las 21.00 horas. Cuando me disponía a salir del avión la tripulación me ha reconocido y nada más salir por la puerta del avión me han señalado para indicarles a unos siete señores, que me estaban esperando, que era yo, señores que supongo son agentes de seguridad marroquí porque no se han identificado en ningún momento.

Ahí mismo, en el descansillo antes de bajar las escaleras, me han pedido el pasaporte y la acreditación, se lo han llevado y un agente que hablaba español me ha pedido que le acompañara. Iba andando muy rápido, hemos entrado en el aeropuerto y directamente me han llevado a la sala de embarque. A las 21.30 horas me han vuelto a pedir el mismo señor que le acompañara: “Ana, vamos”. Le he dicho que no me movía hasta que no me diera alguna explicación de lo que estaba pasando, se ha negado a ello, me ha elevado la voz y me ha dicho que le acompañara, le he preguntado si me estaban expulsando, que qué pasaba y ha vuelto a gritar que le acompañase, han comenzado a venir más agentes, hemos pasado entre la fila de embarque y escoltada por un coche de policía marroquí me han llevado hasta el avión. Me han sentado al final del avión y se han marchado sin darme explicación alguna.

Yo estoy bien, mi integridad física y moral está bien, pero la que no está bien es la de la población saharaui y en concreto, por lo que hoy toca, la de la población que vive en el territorio ocupado. Es preocupante que a los defensores de los Derechos Humanos se nos esté expulsando de manera habitual y sin consecuencia alguna.

Pero lo realmente alarmante son las vulneraciones sistemáticas de los Derechos Humanos por parte del Estado marroquí a la población saharaui y lo que debería ser noticia por sí misma es que este miércoles juzgan, de nuevo, a un joven activista saharaui sin tener un juicio justo, sin tener garantía alguna a un proceso que respete sus derechos más fundamentales recogidos en los textos internacionales que el propio gobierno marroquí tiene firmados.

Se va a juzgar a quien, como poco, van a continuar privando de su libertad y de una vida digna como ser humano, sólo por el hecho de ser saharaui y defender la libertad y autodeterminación de su pueblo.